El origen del efecto
Pigmalión viene dado por el mito griego en que un escultor creó una obra que él
consideraba perfecta. Frustrado por la búsqueda fallida de la mujer ideal,
Pigmalión la creó en su mente y la hizo obra. Tal era la obsesión que en sueños
se le apareció Afrodita, que apreció como creía en ella y viendo la ilusión de
que aquella fría escultura de mármol fuera lo que él quería, la hizo real.
Si
ahondamos un poco más allá de lo que a simple vista se ve, se podría decir
que Pigmalión tenía una idea en su cabeza de su mujer perfecta, y que al ver
los infinitos intentos de encontrarla en el mundo terrenal, creó un ideal. Y
continuamente proyectó en ella lo que él veía y sentía al contemplarla, por más
que la escultura pudiera ofrecerle otras virtudes.
Las expectativas que el
escultor tenía sobre su creación le impedían ver lo que realmente tenía ante
sus ojos, una escultura bella, de un mármol brillante y unos rasgos preciosos
creados por él mismo. No la disfrutaba tal y como era, sino que se sentía
frustrado al no contemplar lo que para él sería lo mejor.
En referente a este
aspecto hace ya unos años el profesor Rosenthal, de la universidad de Harvard hizo
un estudio en el que se les daba unas premisas a los profesores de un centro
educativo sobre los alumnos. Antes de iniciar el curso escolar y sin que los
profesores tuvieran conciencia de tal estudio, se les advirtió que un número
determinado de alumnos eran brillantes y muy buenos estudiantes, y que a pesar
de que presentaran cierto pasotismo, dispersión, pocas aptitudes y desgana eran
muy buenos estudiantes. Se cogieron alumnos al azar sin ningún tipo de juicio
previo. Observaron que los profesores hacían más hincapié en estos alumnos, se
esforzaban más por ellos, se implicaban y los trataban con paciencia puesto que
tenían la certeza de que eran buenos estudiantes. Curiosamente al finalizar el
estudio se comprobó un aumento en las calificaciones de los alumnos escogidos,
obtuvieron un incremento del rendimiento.
Hoy por hoy en el ámbito
educativo en el que nos movemos las cosas no han cambiado tanto, y sería más
que interesante tener todo esto en cuenta a la hora de iniciar un curso con
nuestros alumnos. Por ello deberíamos usar el efecto Pigmalión en positivo para
todos nuestros alumnos, al margen de su predisposición inicial o la actitud que
muestren en un primer momento. Se define el término como:
“El efecto Pigmalión es el proceso mediante el
cual las creencias y expectativas de una persona respecto a otra afectan de tal
manera en su conducta que la segunda tiende a confirmarlas. Del mismo modo que
el miedo tiende a provocar que se produzca lo que se teme, la confianza en uno
mismo, ni que sea contagiada por un tercero, puede darnos alas”
Si tenemos esto en
cuenta, podemos afirmar que las expectativas que el profesorado tiene sobre los
alumnos influyen en su rendimiento, afectan porque proyectan en ellos lo que
inicialmente pensaron sobre el fruto de su esfuerzo, tanto en positivo como en
negativo. Por ello la importancia de conocer estos conocimientos previos antes
de enfrentarse a un aula, antes de catalogar a sus pupilos, antes de influir en
cuánto puede o no pueden dar. Sería interesante tener una visión en blanco, una
actitud abierta a que sea el niño el que nos muestre hasta cuanto pueda llegar
sin que nosotros, los docentes, nos mostremos de una manera u otra, es decir,
si sabemos que cada alumno tiene su ritmo y que cada uno dará en diferente, lo
ideal sería esperar siempre lo mejor de cada uno, el mayor potencial posible y
hasta donde sea posible, pero tal y como está el sistema las condiciones que se
nos presentan nos limitan mucho, intentemos al menos dar lo mejor de nosotros
mismos para sacar el máximo provecho de las capacidades de nuestros alumnos.
Para mí el hecho de que cada alumno sea distinto es positivo, se puede utilizar
para aprender los unos de los otros, para apoyarse y ayudarse, pero sobre todo
teniendo una actitud abierta ante lo que cada uno puede aportar, siempre en
positivo. Por lo tanto mi humilde opinión sobre que los niños con la misma edad
tienen que dar lo mismo es una falacia, sin embargo, si tal y como está el
sistema hemos de sucumbir, al menos que dentro de las aulas se marque la
diferencia, se muestre la diversidad, y se aprenda no solo conocimientos,
números, letras y ortografía sino a respetar a los demás, sin comparar,
teniendo en cuenta que en el mundo todos, absolutamente todos, somos
diferentes.
Finalmente si esto lo
extendemos al adulto, cuando crecemos nos damos cuenta de que estamos rodeados
y creados de etiquetas, y de creencias que nuestro entorno tiene sobre nosotros
sin que nosotros mismo, en ocasiones, nos demos cuenta de que solemos movernos
en base a lo que personas que nos importan creen, o esperan que actuemos. Por
ello la necesidad y la gratitud de conocer al individuo en su complejidad y
extensión, sin cerrarnos a creerles ser de una manera o idea que nos hemos
hecho de esa persona. Si nos relacionamos con el mundo abiertos a aprender,
seguiremos conociendo personas y mundos increíbles sin pararnos a juzgarlos o
catalogarlos, y es que según la corriente psicológica de la Gestalt todos somos todo, es decir, que
las personas no somos de una manera determinada sino que en depende qué
situación actuamos de una u otra forma, las etiquetas y creencias que se
tienden a tener de las personas no facilitan para nada esta idea puesto que se
defiende la libre actuación sabiendo que por regla general no todos los días
son iguales, ni todos los días tenemos el mismo humor, a lo que todo esto
conlleva es a entender que el ser humano puede ser hoy egoísta en unas cosas y
mañana no, puede ser creativo en algo pero en otra cosa no, cabezón,
inteligente…
Sigo
defendiendo la idea de que aprender se aprende de todo, y cuando etiquetamos a
alguien con cualquier calificativo (sobretodo en negativo) estamos limitándonos
a nosotros mismo a conocer más allá de un simple adjetivo. En los adultos,
evidentemente, es diferente a los niños, pero recordemos que aquellos niños se
convertirán en adultos que seguirán necesitando del aprendizaje para vivir y
mejorar.
Más sobre este tema:
"Una clase dividida": vídeo sobre la influencia que se puede llegar a crear en un aula.
Películas que hacen referencia al tema tratado:
"My fair lady"
"Pinocho"
"Pretty woman"
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