martes, 10 de febrero de 2015

Respeto: el origen y el adulto asertivo. Parte I.

Echando un vistazo a mi alrededor, a las personas de mi entorno y al resto, me doy cuenta de la importancia que tiene el respeto a la hora de relacionarnos. Y me ha parecido un concepto merecedor de una entrada entera (y doble) dedicada a su gran valor.

Según la RAE (Real Academia Española) la palabra respeto se considera un acatamiento que se le hace a alguien; acatar que viene de catar “mirar” quiere decir considerar bien algo o a alguien. Es un miramiento. Es ofrecer veneración como prueba de agradecimiento o admiración.
Google por su parte también lo define como una consideración de que algo es digno y debe ser tolerado, dicho miramiento establece no causarle ofensa o perjuicio a aquello que se respeta.

Ambos coinciden también en la definición de respeto en la categoría de miedo, pero habría que ser cautelosos con esta apreciación pues la expresión “me da respeto (algo)” tiene  que ver más con temas específicos que a las personas nos incurren en cierto tipo de temor.

Para situarnos un poco más en el tema me gustaría recurrir al origen de la palabra. Proviene del latín respectus de la anexión entre el prefijo re- que quiere decir de nuevo, intensamente, y la palabra spectrum que significa aparición, visión, y que a su vez es derivada de la familia de “specere” verbo mirar. Podríamos concluir con que, en términos etimológicos, la palabra respeto equivale a decir mirar de nuevo o mirar intensivamente o volver a mirar.


Una vez recopilada cierta información que nos ayuda a tener un mayor entendimiento acerca de todo lo que esta palabra comporta, conviene darle un poco de sentido a la hora de tenerla en cuenta en nuestro día a día. Ya que entiendo que es una característica que todos debiéramos poseer tanto hacía nosotros mismos como hacía los demás.

El compromiso de “crear” adultos respetuosos comienza desde casa, desde nuestro primer entorno cercano, padres, tutores, hermanos, abuelos aportan los valores a transmitir y fundamentan en ellos el sustento de la crianza.  El respeto es un concepto que tiene muchas formas, se representa de mil maneras, por ello es importante aprovechar todos aquellos momentos que nos brindan los niños para fomentarlo.    

Si alguna vez has estado más de quince minutos con un niño habrás podido comprobar que la manera más natural y básica de aprendizaje para éste es la imitación. Desde que nacemos se inicia en nosotros un mecanismo de aprendizaje que conlleva relacionarse. Entiendo entonces que, los adultos con los que convivamos serán nuestro modelo a imitar, repitiendo y aprendiendo del cómo se relacionen con todo su entorno.

Todos nos hacemos preguntas, intentamos tener una opinión propia de lo que ocurre a nuestro alrededor. Crecemos con adultos que nos forman a partir de sus realidades y sus formas de ver la vida. Podemos utilizar las ocasiones en las que el niño se cuestione acerca de temas como las profesiones, los distintos tipos de personas o maneras de vivir… para argumentarles que son merecedores de nuestro respeto.

También tenemos la oportunidad de mostrar respeto al niño cuando corrijamos su conducta. Hay comportamientos que han de ser reprendidos pero no olvidemos considerar a los implicados dignos de ser escuchados. Como adultos tenemos la labor de ayudarles a entender y gestionar sus emociones y explicarles el porqué de la corrección.

Tanto la comunicación verbal como la gestual dice mucho de nosotros mismos y de la consideración que les tengamos a los demás. Crear un ambiente distendido donde cada uno puede expresarse libremente, donde nos escuchamos y nos intentamos entender mutuamente es primordial para el respeto. Se fomenta la aceptación de uno mismo y de nuestras emociones.

La violencia no tiene lugar alguno en la sociedad en la que queremos vivir y criar a nuestros hijos. Tanto la física, la psicológica o de cualquiera que sea su forma de manifestarse debieran desaparecer de nuestra manera de relacionarnos, creyendo en el poder de la palabra y la comprensión.

Desde muy pequeños manifestamos sentimientos de rabia, de impotencia, de enojos  que nos hacen enfadar y preguntarnos porqué las cosas nos salen mal. Podemos permitir la expresión de los enfados y sentimientos negativos, recordando que uno se puede molestar siempre y cuando no dañe a otros (no pegar, no gritar a nadie, no ofender) Los desacuerdos son fuentes de aprendizajes para conocernos mejor y tener opiniones más realistas. Argumentar, razonar, explicar e incluso ceder es beneficioso para seguir formándonos en el respeto.


Y es en casa también donde comienza el aprendizaje del poder de decir que no. En un entorno donde nuestras emociones son tenidas en cuenta y nuestra libertad de expresarnos está en el mismo lugar que la de los demás son más que factibles las relaciones de entendimiento mutuo, y saber que a pesar de que a veces las cosas no surjan como esperábamos se pueden llegar a acuerdos en los que todos nos sintamos respetados.

1 comentario:

  1. Normal que esta entrada conlleve varias partes. Me gusta esto vuelo a estilo águila imperial de Isabel que has dado comenzando desde el origen etimológico de la palabra y llevándolo hasta el tema del que trata tu entrada.

    Me abre la mente leer este tipo de cosas, cuestionar tantas creencias que tengo como verdaderas e indiscutibles e intentar comprender a los demás y a mí misma. Como dijiste un día, el respeto debe comenzar por respetarnos a nosotros mismos.

    Lo que más me interesa es el proceso mediante el que niño aprende, que es la imitación. Lo que ve en su entorno más próxima, es decir, la familia será lo que le dé forma a su manera de relacionarse e interactuar con los demás. Pero esos mismos padres o tutores con los que crece fueron una vez niños, y su forma de actuar, que puede no ser la adecuada, fue aprendida de la misma forma que ahora lo hacen sus hijos. Para romper ese ciclo en que todo se repite hace falta que cada generación tenga a mano los recursos necesarios para estar cada vez más informados y por qué no decirlo, civilizados. En las sociedades más cultas y civilizadas siempre hay menos índices de violencia y eso no es una casualidad. Donde hay respeto, donde consideramos al otro merecedor del mismo respeto que nos gustaría recibir a nosotros, no hay cabida para cualquier tipo de violencia que pueda dañar a la otra persona.

    Gracias porque cada día aprendo más contigo y sigue así ;.)

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